Elegir el vino según el tipo de uva
· · · ¿Qué le apetece para beber? ¿Le traigo la carta de vinos?Un día cualquiera en un bar o restaurante cualquiera, un camarero se aproxima al cliente recién llegado:
- Qué le apetece para beber. Le traigo la carta de vinos?
- No, gracias. Yo no soy de vinos...mejor una cerveza.
Puede que sí, que ese cliente tenga muy claro que no le gusta el vino porque ha probado y comprobado que definitivamente no es lo suyo y pide una cerveza, que es otro mundo inmenso por descubrir donde elegir puede ser mucho más que pedir un vino o una cerveza.

Ahora bien, eso de “no me gusta el vino” puede que esté ligado al azar que lleva a probar o frecuentar un monovarietal o un coupage que en su composición lleva un tipo de uva que precisamente no acopla a un determinado paladar o se desluce con un maridaje inadecuado.
En Vinorama somos pioneros y únicos en identificar las uvas que componen cada vino que comercializamos en la sección “Elegir el vino según el tipo de uva”, porque hemos encontrado que esa información ayuda a entender qué nos gusta, para ir construyendo en nuestra memoria gustativa un referente de propiedades organolépticas de cada cepa, para avanzar en el disfrute del mundo del vino como quien encaja las piezas de un puzzle.
Si nos enfrentamos a la larga lista de tipos de uvas y sus características como si fuera un juego, un puzzle por resolver, hay que empezar a probar prestando unos minutos de atención a la composición del vino, el origen y elaboración, porque son factores claves para identificar las características individuales que poco a poco se irán ensamblado en un banco de datos que nos abra a la comprensión el mundo del vino.

El tipo de uva es muy importante como también el territorio en el que creció, porque ambos son factores determinantes que aportan valiosa información en cuanto al sabor y al carácter del vino, al expresar el origen y lo más genuino de cada región o país. De ahí que sean tan diferentes una Sauvignon blanc, Chardonnay o Cabernet sauvignon cultivadas en Francia, España, Sudáfrica, Nueva Zelanda o Australia, por poner un ejemplo, además del maravilloso universo de las cepas autóctonas -tantas veces olvidadas rozando muchas el peligro de extinguirse definitivamente- que están aún por catalogar en nuestra memoria gustativa, revelando su inestimable valor con un nuevo repertorio de vinos que cautivan paladares cansados de la estandarización en la que se han embarcado muchas grandes corporaciones del vino.
Lo que importa ahora es el atrevimiento y empezar a catar, a probar con espontaneidad hasta encontrar esos vinos que nos gustan o no nos dejan indiferentes, descubrir la clave de ese juego sensorial que nos cuenta la vida propia y la historia que hay en cada botella, hasta que un día, casi sin darnos cuenta, encajan las piezas y surge la armona con la que componemos nuestro propio repertorio de gustos para disfrutar del vino sin complicaciones.
