Foodies, vino y personalidad
· · · Un foodie ante todo es un ser complejo y apasionado que ama la gastronomía.
Resultan un tanto ambiciosas y bastante predecibles las listas que según algún estudio de hábitos de consumo, pretenden catalogar qué tipo de vino elige un determinado perfil de consumidores según su estilo de vida y hábitos sociales. No obstante, si nos interesa algo más que los datos cuantitativos que se desprenden de tramos de edad y poder adquisitivo salpicados con vagas ideas sobre la personalidad e intereses de los individuos encuestados, aproximarnos a la personalidad de los foodies de los vinos puede ser un ámbito mucho más suculento para explorar.
Un foodie ante todo es un ser complejo y apasionado que ama la gastronomía con tanto interés, que profundiza en el conocimiento de todo lo que está relacionado con la comida y el vino. Un auténtico foodie tiene un positivo y exigente carácter inconformista que escudriña transversalmente en toda la información, modas, tendencias y experiencias directas, con las que traza un mapa abierto cuyas líneas perfilan la especialización con la que asciende desde los predios del aficionado al del conocedor que realmente está interesado en descubrir la innovación, el pensamiento creativo y el valor de la autenticidad de los alimentos que disfruta en forma de comida y vino.

Este cruce transversal de intereses y conocimientos dice mucho de esa personalidad holística que se forja con el tiempo, donde poco a poco cobran sentido y se decantan los gustos literarios y estéticos, el estilo de vida, deportes y aficiones, a qué dedica su tiempo libre, las actividades y grupos a los que se vincula, el arte, la tecnología, el interés por descubrir culturas y afinar una comprensión integral sobre su evolución e interacción, todo esto con algún rasgo de sana obsesión por la perfección, lo exquisito y lo suculento.
Personalidad fascinante y plural, por tanto un foodie del vino no puede ser encajado en las categorías de las que hablábamos al principio –básicamente bebedores de vino tinto, rosado o blanco- y sería más interesante investigar qué vinos elige un melómano empedernido, un esteta cuya profesión es la arquitectura o el diseño de interiores, un amante de la naturaleza que practica senderismo, escalada o deportes de riesgo, el viajero incansable con una insaciable curiosidad por probar lo que comen en cada recóndito rincón del planeta porque entiende que la gastronomía es expresión de identidad y cultura, el que no puede resistirse a los mercados de alimentos y cada vez visita menos el supermercado, el que habla con el agricultor porque quiere saber sobre las vicisitudes que llevan hasta el plato los alimentos que son la base de la cocina de éxito, el que peregrina entre viñedos y bodegas que no se jactan de millones de hectolitros y botellas de producción, sino de una cuidada selección de vinos que es el proyecto personal de un grupo de filántropos protectores de la cultura del vino.
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Los foodies se lo preguntan todo y enriquecen su acervo del saber con serenidad y compromiso, no obstante, tan interesante personalidad es difícil que pase desapercibida porque además de todo, estas personas suelen poseer el atributo de animar irresistibles conversaciones, por lo que puede que estén presentes en muchos ámbitos del mundo online y offline, aunque sin lugar a dudas reservan lo mejor de sí para las distancias cortas.
