La música cambia el sabor del vino

La música cambia el sabor del vino

· · · Ni queso, ni jamón, ¡Jill Scott!

Os vamos a contar un secreto: La lengua es un poco inútil. Y es que este músculo muchas veces se deja llevar.

Nuestro órgano sensorial afincado en la boca, sólamente es capaz de detectar cinco sensaciones gustativas diferentes. Por esto, normalmente se deja guiar por algún que otro compañero de sensaciones, como puede ser el olfato o la vista. De hecho, se estima que alrededor del 90% del gusto, en realidad viene del olfato.

Incluso la inutilidad de la lengua se ha visto reflejada en experimentos de catas de vinos, en las cuales se teñía un vino blanco con colorante y los 57 expertos que por allí pasaban no eran capaces de reconocer la trampa, dejándose guiar por el color y no por su lengua.

 



Pero un nuevo estudio refleja que el sentido del oído también influye en el gusto a la hora de catar vinos. Dicho estudio ha demostrado que cuando la gente bebe vino con música de fondo, consideran que el vino tiene características en el sabor acordes con la naturaleza de la música que están escuchando.
 

Adrian North, escogió a 250 estudiantes universitarios a los cuales dio a catar durante 5 minutos vino Montes Alpha 2006 Cabernet Sauvignon o Chardonnay (chilenos), mientras escuchaban, separados en grupos, canciones que iban desde Carmina Burana de Orff hasta I Just Can’t Get Enough de Nouvelle Vague.
El resultado fue que los alumnos que habían escuchado la música más potente calificaron a su vino como: fuerte y pesado. Y los quye habia escuchado música ligera, siempre coincidian en que su vino era: suave, sutil y refinado. Todo con total independencia de si el vino era blanco o tinto.

 


Por eso, a la hora de probar un vino, influye mucho el ambiente que tengamos al rededor, el sonido de fondo de un restaurante, la música que tengas puesta en casa... Todos estos datos completan la falta de información de nuestra lengua. Es algo similar a lo que pasa cuando comemos en un restaute finolis, con camareros con pajarita, a cuando comemos en un bar de carretera ¿A que la comida no sabe igual? Pues parece ser que el vino tampoco.

via: wired.com

Acerca del autor
Iván Redondo Diseñador amante del vino

Iván no solo se fija en el sabor, color y aroma del vino, además valora hasta el último detalle del diseño de la botella y su etiqueta. Busca el equilibrio perfecto entre un buen vino y buen diseño, lo que para él es el vino perfecto.